En mi clase hay un niño nuevo rarito, que dicen que tiene un síncope de "Don"

¡Papá!... ¿puedo contarte una cosa que ha pasado hoy en clase? - le dijo Manuela a su padre que estaba leyendo un libro tranquilamente en el sofá -

¡Claro cielo! Cuéntame... - que al mismo tiempo que cerraba el libro y Manuela se acomodaba junto a su padre, ya estaba en disposición de escuchar cualquier cosa que como siempre le asombraba - 


Pues a ver, te cuento... ¡Mira!, es que hoy ha llegado un niño un poco raro, de otra ciudad, porque sus padres han venido aquí por trabajo, parece más mayor que nosotros los de clase, y... ¡no se´!

¡¿Raro?! - pregunta el padre asombrado -

¡Sí, sí!, - afirma Manuela decidida a explicarse - La profe ha dicho que tiene un síncope de "Don", o algo así, y los gamberros de siempre del fondo, dicen que es retrasado. Yo, la verdad, es que me quedé extrañada.


A ver - le contestó firme el padre - Manuela, no es un "síncope", es síndrome de Down, que es el apellido del científico que lo descubrió.


Papá, no lo llegué a oír bien, pero... ¿por qué dicen que es retrasado y que tiene una enfermedad? Es que los gamberros estos que no los soporto y lo que dicen, me da mucha rabia y no sé qué decirles, aunque les daba una... - dijo Manuela con cara de rabia -


¡Manuela!, controla que a veces pareces la "Dama de la Justicia" en vivo - le regañó el padre de forma graciosa -


Papá, no la conozco, ¡¿quién es esa "dama"?! - con cara de intriga preguntó -


¡Bueno, bueno! Eso para otro día, que si no nos liamos, sobre todo yo, que me lías casi siempre...


Iré por partes Manuela - le dijo el padre que se incorporaba para poder explicarle de una forma que llegase a entender Manuela más fácil -


¡Papá!


¡Pero espera que te conteste a lo primero y por partes Manuela!


¡No, no!... si es de lo mismo - le dijo Manuela poniendo su mano encima de la de su padre -


Me acabo de acordar que tú me dijiste una vez, que cuando eras pequeño a tu clase iba un niño igual de rarito, ¡¿no?!


- se ríe el padre con cara de añoranza -


¡Sí! Pedro, se llamaba Pedro... Iba a mi clase de primero de parbulitos. Y que ahora que lo pienso no sé ya si se escribe con "b" o con "v". - se ríe el padre por hacerse esa pregunta repentina en voz alta -


¡¿Parbulitos?! - se ríe Manuela -


Lo que ahora se llama "infantil" o primaria, antes era eso; "parbulitos".


A vale, que raro todo en tus tiempos - con risa irónica le contestó Manuela -
¡Oye!, que no soy tan mayor, malota.


- risas y más risas se producían juntos entre padre e hija -


Bueno, ¡¿te cuento lo de tu nuevo compañero de clase o qué?!


¡Sí, sí! Dime - miraba Manuela a su padre con mucha atención -


Pues no es una enfermedad, aunque quizás puede que sí tenga alguna parte o más bien una pequeña discapacidad, aunque yo no soy un experto, pero solo en los cromosomas.


¿Cromosomas? Ya estamos con la palabritas en inglés. - se quejaba Manuela -


¡No! Burreras, no es inglés - se reía el padre -


Es una parte del ADN de cada uno de nosotros, para que tú lo entiendas de una forma rápida, porque eso sí lo habéis dado en el colegio, ¡¿no?!


¡Sí Papá!, en Jurassic Park también.


¡Bueno! Más o menos Manuela - exclamó el padre -


Pues bien, te explico; es una copia extra del número 21 de nuestros cromosomas. ¡Qué difícil me pones esto de explicártelo, y eso que no soy un experto!


A ver Papá, no te pongas nervioso, que ya tienes un poco de sudor en la frente - le dijo Manuela a su padre mientras le pasaba una servilleta por la frente y la cara de forma cariñosa -


Bien, a ver, a ver... es una pequeña discapacidad o algo así, pero hay distintos grados, eso sí lo sé.


Papá, este niño que se llama Juan, tiene una carita que se parece a un peluche, se queda con la lengua fuera y a mí me ha dado varios abrazos, y besos. - lo cuenta Manuela sorprendida -


¡¿Y eso Manuela?!


Pues porque no podía colgar la mochila y se le caía de la silla y yo me levanté, porque nadie lo hacía y solo se reían, y le ayudé. ¡A mí me sorprendió mucho! Pero la verdad es que me sentí muy bien por el cariño que me dio en un momento.


Manuela, la gente, como sabes, y hasta desde bien pequeños, son muy crueles, son bastante ignorantes y no piensan el daño que pueden causar sus "gracias".


A mí no me gusta cuando veo eso en algunos niños de clase, me da rabia.
Entonces... ¿está enfermo, Papá?


¡No!, no está enfermo, simplemente y según el grado que tenga de discapacidad, por esos cromosomas que te dije, tienen que tener un trato, al menos de pequeños, quizás con más cuidado, son más sensibles, necesitan dar cariño y recibirlo, son como más amorosos y su niñez dura más que otros niños quizás... aunque esto no dura siempre y cambian, se hacen adultos, y bueno, más o menos como todo. Pero sobre todo, son personas, no lo olvides y porque tengan síndrome de Down no significa que sean ni menos que otros ni débiles.


¡Papá!, ¿te estás emocionando? - pregunta Manuela porque ve a su padre que se le cristalizan sus ojos - ¿Te acuerdas de Pedro, Papá?


Cariño, pues es que yo, no sé muy bien cómo explicártelo, tengo una parte que desconozco su por qué, pero me dan sentimiento con solo verlos. No es lástima, ¡eh! - exclama el padre con firmeza - ni nada parecido, de verdad Manuela.


¡¿Sentimiento Papá?!


¡Sí cariño! Es como que su sensibilidad, su inocencia, por así decirlo, me provoca hasta llorar. Es más porque los demás, ya no tus compañeros, esos gamberros de tu clase, sino la propia sociedad es mala y dañina de por sí y los trata como eso que has escuchado; retrasados, frágiles, o directamente "subnormales" que le dicen en plan despectivo.


¡Yo no he pensado eso al verlo Papá! - le dice firme Manuela a su padre -


¡Lo sé Manuela!, lo sé. Sé que tú no eres de esa pasta. Pero la gente, los que nos rodean, la mayoría, son así de malos.


Lo que sí que quiero que tengas claro es que ese niño, Juan, es igual que tú y que el resto de tu clase y que cualquier persona, tiene las mismas oportunidades y no tienen por qué demostrar y esforzarse más que otros. Esos otros que le llaman "normales".


Papá, yo creo que hay muy pocos normales. Lo que no entiendo es por qué dices que tienen que esforzarse más. ¡¿Y eso?!


Es como una especie de "vigilancia" por buscar que hagan las cosas como otros, como esos que llaman "normales" porque los tienen como personas que son "menos", no sé si me comprendes Manuela.


Papá, te voy a decir una cosita, a mí nunca me habían dado ni besos ni abrazos por ayudar al alguien en una cosa tan simple como eso de colgar la mochila. ¡¿Y sabes qué te digo?! - con cara de total convencimiento y ojos penetrantes dirigidos a su padre - Que la normalidad, que lo normal, eso que me dices Papá, sería que la gente, que todos, diésemos abrazos y besos cuando alguien nos ayuda a algo, sea en lo que sea. ¡Tal y como me dices a mí cuando me los pides... que son gratis! - se reía Manuela -


- su padre asienta con la cabeza esperando lo próximo que Manuela seguía contando -


Papá, yo creo que los que no son normales son el resto. 


Y yo, si él quiere, voy a ser amiga de Juan, muy amiga, porque si es cariño y besos lo que me da y me hace feliz que lo haga... los cafres de algunos de mis compañeros, solo me dan ganas de tirarles el estuche... - pronunciando la última parte con rabia -

¡Manuela! - le llama la atención el padre -


¡Ya!, ¡Ya! Control, control, lo sé Papá. - exclama Manuela a sí misma -


¡¿Oye Manuela?! Que en Google tienes mucha información sobre ese cromosoma que le afecta a Juan. Que el ordenador está también para algo, y el móvil, pues en los ratitos que te dejo, ya sabes, puedes leer más sobre ello, cariño.


Lo sé Papá, y buscaré y leeré, pero... ¡¿ puedo decirte una cosa?!


- el padre ya, como otras veces, desencajado a ver qué era lo próximo que Manuela le decía -


¡Claro! - con la media sonrisa puesta mirando a Manuela fijamente -


Google está bien, pero yo prefiero a mi "PapaGoogle" que es más divertido, sobre todo cuando te veo nerviosillo.


- risas, abrazos y besos se produjeron tras decirle esto Manuela a su padre -


-Y como cada noche... -


¡Manuela!- con voz cariñosa le dijo el padre a Manuela que se iba nuevamente a su cuarto -


Dime Papá...


Te quiero - le dijo el padre -


Y yo a ti Papá, y yo...