Aquí te cuento quién es Manuela

Manuela es un dibujo que yo hacía de pequeño con siete años, un personaje que me inventé para conseguir hacer cómics y venderlos, más bien cuentos, como yo los llamaba.

Lo que hacía era observar, desde la Guagua hacia Orihuela cuando iba al colegio. Al regresar a mediodía a casa de mis padres a comer y, como ganso al que se le pone un embudo para alimentarlo y engordarle el hígado, comía para volver a las clases de la tarde. Observaba todo, sobre cualquier cosa inimaginable por pequeña que fuese y en mi cabeza solo aparecían preguntas y más preguntas.


Después, cuando regresaba por la tarde a mi cueva, a mi cuarto, me ponía a hacer viñetas. Dibujaba una especie de niña muy simple pero que me permitía reflejar lo que contaba en ellas.


Hacía mis viñetas en folios, los doblaba y en el colegio a escondidas, donde estaba la copistería, que más bien era algo asombroso, porque las copias de los exámenes se hacían sobre un bloque de gelatina, las grapa como si fuesen cuadernillos. ¡Los profesores no conocían las fotocopiadoras!


Cuando llegaba el viernes, el santo viernes por la tarde, momento en que me subía al Riguero (Orihuela) para pasar el fin de semana, iba cargado con varias docenas de ellos. Allí colocaba el sábado mi "tenderete", mis cajas de cartón decoradas, un viejo mantel, una caja de zapatos que hacía de caja registradora -incluso lleva pintadas las teclas casi como una de verdad-, y a venderlos...


Era mi negociete, algo que he llevado siempre en mi interior sin precedentes familiares, pero que a mí me encantaba. Eso de ganar unas pesetas que luego me gastaba la mitad en las chuches del bar, me ofrecía una especie de independencia, como un rincón de pequeña libertad dentro de un mundo de órdenes, reglas y demás mandatos que, recuerdo en este instante, no entendía muy bien, y a veces, hasta creo que no tenía sentido. Al menos como yo lo veía.


No creas que contaba en esas viñetas, en esos cuentos, historias para niños, ¡no! Contaba cosas tan curiosas que hasta a mí, cuando las recuerdo hoy en día, me sorprenden. Por ejemplo; del por qué el profesor venía triste a mitad de semana a darnos clase; por qué el barrendero que veía a menudo tenía una cara tan triste; de cómo nos trataban como borregos en el bar cuando íbamos a comprar chúches; de la vida que llevaban los adultos siempre haciendo lo miso día tras día... ¡y mil cosas más!


Tuve la ocasión de preguntarle al Alcalde de Orihuela una vez, que no recuerdo ni vagamente el por qué mi madre se tropezó por la calle con él y se pusieron a hablar de no sé muy bien qué, de por qué en invierno si anochecía a las seis, las farolas se encendía a las siete y media. 


Obviamente hice mi cuento de aquello, y si mi memoria no me falla, la explicación que dibujé en mi historieta era que los electricistas del Ayuntamiento no trabajaban en invierno porque los cables solo se podían tocar en verano. Curiosamente también puse, y eso lo recuerdo muy bien;

 Que tampoco entendía el por qué en verano las farolas se encendían a las siete y media, como en invierno, pero anochecía a las nueve.


Y con este pequeño personaje, este dibujo, esta niña, Manuela, fui cogiéndole el gusanillo a vender, a construir e inventar, y en pocas palabras, a ir adquiriendo esa libertad que necesitaba dentro de toda la ignorancia e inocencia que un niño de siete años puede llegar a tener. 


En este blog te contará ella con sus ojos, distintos y variados temas, asuntos de interés, y sobre todo, ese tipo de cosas que no tienen mucho sentido y que hacemos habitualmente los adultos. La mayoría de las veces sin mucho coherencia alguna. 

¡Espero y deseo que te gusten! Gracias de antemano...

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